Un agricultor tenía el mejor cultivo de maíz ; cada año llevaba su maíz a la feria de su provincia, donde siempre le premiaban por ello. Un año un periodista lo entrevistó y se enteró de algo interesante acerca de como cultivaba su maíz . El reportero descubrió que el agricultor compartía su semilla de maíz con sus vecinos ; le preguntaron : ¿ Por qué lo hace señor ? …¿cómo puede darse el lujo de compartir sus mejores semillas con sus vecinos , cuando están entrando en competencia con la suya cada año ?. El granjero respondió: ” porque el viento recoge el polen del maíz maduro y lo mezcla de campo en campo . Si mis vecinos cultivan maíz inferior , la polinización cruzada degradará de manera constante la calidad de mi maíz . Si quiero cultivar buen maíz , debo ayudar a mis vecinos a cultivar un buen maíz también “.

Así ocurre con nuestras vidas …los que quieren vivir de la felicidad y la abundancia, deben ayudar a enriquecer las vidas de los demás, porque el valor de una vida se mide por las vidas que toca . Y aquellos que eligen ser felices , ayudan a otros a encontrar la felicidad , porque el bienestar de cada uno está ligado al bienestar de todos … Llámalo poder de la colectividad ; llámalo un principio de éxito …. Es una ley de vida …El hecho es que , ninguno de nosotros gana realmente hasta que todos ganamos.

La Pequeña y Mediana Empresa, más conocida como Pyme, constituye hoy por hoy el principal entramado del tejido económico, en el que según el DIRCE (Directorio Central de Empresas) recogió el primer día de este año 2016, la cifra de 3.182.321 empresas, de las cuales 3.178.408 entran dentro de la categoría de PYMEs (esto equivale a un porcentaje del 99,88% de pequeñas y medianas empresas sobre el total de empresas del país).

El reducido tamaño de nuestras empresas supone desde luego algunas ventajas –entre ellas la flexibilidad y la capacidad de adaptación que caracteriza a las pymes -, pero también comporta limitaciones, como las dificultades para acometer proyectos de inversión elevada, menor capacidad crediticia, altos costes para conseguir y gestionar información, etc…

La cooperación empresarial constituye una de las mejores opciones estratégicas para superar estos escollos. Así, a través de la cooperación las empresas pueden conseguir un mayor tamaño operativo que, a menudo, resulta necesario para acceder a un nuevo mercado; especializar la producción ampliando a la vez la gama de productos; abordar acciones de desarrollo tecnológico o de aprendizaje.

Una de las principales ventajas de la cooperación radica en su flexibilidad para adaptarse a las múltiples necesidades que pueden plantearse en la vida de las empresas. Desde la participación en el capital hasta simples fórmulas de subcontratación, pasando por creación de empresas conjuntas (“joint ventures”), contratos de franquicia, creación de consorcios, acuerdos de I+D, etc… Existen toda una gama de posibilidades en función de las necesidades e intereses de las empresas que intervienen. Gran parte de los centros de producción pertenecen a sectores tradicionales productores de bienes de consumo final con una demanda muy débil, volcados a la exportación y abiertos a una competencia internacional cada vez más agresiva.

La cooperación suele iniciarse sobre la base de las relaciones personales. Sin embargo, junto a la confianza mutua que aportan estas relaciones, el éxito de la cooperación requiere también de un análisis metódico y de una formalización adecuada. Sólo de esta manera la cooperación puede encajar dentro de la estrategia global de las empresas y al mismo tiempo se puede contar con los mecanismos organizativos necesarios para evitar o resolver posibles conflictos.

La cooperación sólo resultará posible en un clima de mutua confianza y entendimiento que requiere que cada una de las empresas cuente con una cultura abierta, capaz de compartir los procesos necesarios para tomar decisiones y orientada hacia la resolución de los conflictos, que necesariamente surgirán en el desarrollo de la cooperación. La decisión de cooperar forma en todo caso parte de este último grupo decisiones, y tiene como objetivo el desarrollo y el crecimiento de la empresa.

La nueva economía ya no se basa como ocurría en la economía tradicional en la mera competencia. El cierre de una empresa de un determinado sector se contempla en la actualidad, generalmente, con inquietud entre las restantes empresas del mismo sector, que más allá de ver un competidor menos se enfrentan a una nueva circunstancia que les pone de manifiesto la necesidad de buscar nuevas fórmulas que hagan posible su propia permanencia en el mercado. En estos casos, la cooperación puede resultar la mejor de las alternativas.

Es necesario seguir apostando por un tratamiento singular a este colectivo de empresas que integre tanto la política económica en el ámbito autonómico como la generación de una sensibilidad ante esta realidad por el Gobierno del Estado, aunando marcos de actuación y afianzando un marco económico sólido y competitivo para nuestras empresas.