Crear buena suerte en la empresa, es crear circunstancias, y las mismas vienen a través del ejercicio permanente de la innovación con la ayuda de entre otras, de las siguientes variables: perseverancia, responsabilidad, aprendizaje del error, sentido de coraje, confianza y cooperación. Estos términos, algunos de ellos hasta ya no valorados a nivel social llevan al éxito de todas las organizaciones modernas como se ha demostrado en modelos de crecimiento económico de los últimos años y por cierto algunos de ellos bajo la referencia y bandera española, los cuales no hace falta mencionar porque todos los tenemos en mente y a mí no me pagan para hacerles publicidad.

Lo que es una realidad es que, hasta bien avanzada la segunda mitad del pasado siglo, el factor limitativo de las innovaciones tecnológicas era la disponibilidad de tecnología. Entonces eran pocas las empresas que se veían impelidas a competir sobre la base de las ventajas que proporcionaba el conocimiento tecnológico. Se trataba de grandes empresas que operaban en el mercado mundial o de empresas de menores dimensiones, asentadas en nichos de alta tecnología de ámbito internacional. Todas ellas eran capaces de transformar, a medida que el mercado lo exigía, un nuevo conocimiento en nuevos productos o servicios. El resto de las empresas se dedicaba a mercados locales, con frecuencia protegidos, y se basaba en tecnologías adquiridas, tanto incorporadas a bienes de equipo o a materias semielaboradas, como en forma de licencias o know-how. Para estas últimas empresas, las más en todos los tejidos productivos, no existía la necesidad de una gestión ni de la tecnología ni de sus procesos innovadores. Y de acuerdo con esto, prácticamente ninguna escuela de negocios se preocupaba de enseñar esta clase de gestión, algo que tampoco es muy frecuente en el día de hoy en las fuentes del conocimiento en todo nuestro territorio nacional.

Hoy, sin embargo, todas las empresas están obligadas a competir en un mercado cada vez más global y, además, se ha producido lo que se ha llamado la «trivialización de las tecnologías», de manera que con mucha frecuencia, y a cambio de un esfuerzo asumible, muchas empresas pueden contar entre sus herramientas de competitividad con el conocimiento tecnológico. La innovación tecnológica se ha convertido en una necesidad y el factor limitativo de la innovación es simplemente el umbral de conocimiento tecnológico que debe superar toda empresa que desee sobrevivir. Las políticas de fomento de la innovación del Gobierno del Reino de España han descendido en programas y en dotación presupuestaria,( más de un 26% en escasos dos años) , por eso deben preocuparse no sólo de la generación de tecnología, sino también de facilitar a las empresas el acceso al conocimiento tecnológico que necesitan, que evidentemente dependerá del sector en que se mueven y del enfoque estratégico de su negocio, por tanto , es necesario ser mucho más selectivo en los proyectos y sectores y olvidarse del uso político del “café para todos”.

Es necesario un enfoque de ayuda y apoyo a los proyectos más estratégicos y competitivos en cada sector, en cada tecnología, en cada comarca.

Por otra parte la empresa debe, por lo menos, ser capaz de reconocer el problema tecnológico que limita su capacidad de competir y de identificar las tecnologías que puedan aportar la solución. En muchos casos, será suficiente que la empresa pueda comportarse como un comprador inteligente en el mercado de la tecnología, donde hoy puede encontrar tanto tecnologías disponibles como grupos públicos o privados capaces de desarrollar una I+D a su medida, mediante lo que se llama una «investigación bajo contrato» y aquí las pymes españolas pueden acudir a lo próximo como son sus Centros Tecnológicos, Fundaciones, Organismos Públicos de Investigación y Universidades, entre otros.

No se puede dirigir una empresa dependiendo de los golpes de azar, por el contrario, los que se dedican a crear circunstancias, el azar no les preocupa porque son conocedores que la suerte no dura demasiado tiempo.

Dado que según mi buen amigo Àlex Rovira crear “Buena Suerte“, es crear circunstancias, éstas las debe de buscar la empresa y no seguir dependiendo de su golpe de suerte, porque quien golpea y cada vez de una forma más certera es la competencia.

Este artículo está publicado en Avalon Red de Expertos