Con el final de la primavera empiezan a brotar en las universidades americanas ceremonias de graduación con sus correspondientes birretes, diplomas y, lo que es más importante, discursos. Muchos se sienten inspirados por el fantasma de Steve Jobs en Stanford y aspiran a hacer historia. Al fin y al cabo, es un terreno en el que se dan cita tanto políticos como economistas, académicos, deportistas y toda clase de celebridades mayores o menores. Una competición por ser el más brillante o, mejor dicho, una hoguera de las vanidades.

Este año brilla con luz propia el discurso pronunciado por el decano de la Facultad de Educación de Harvard James Ryan, que tiene todo aquello que constituye un buen discurso: anécdotas vitales, reflexiones de esas que solo puede dar la experiencia y, sobre todo, un titular llamativo… por mucho que él le diese el nombre de “Tres sugerencias sobre cómo hacer y responder buenas preguntas”

“Las cinco preguntas que todos deberíamos hacernos, según un decano de Harvard”. El Confidencial. Madrid, 14 de junio de 2016

Hay varios tipos de preguntas que nos hacen los que denomino “entrenadores en nuestras vidas”. Le podemos contar un cuento a nuestros hijos y aprender de sus comentarios e imaginación. Los consejos de nuestra pareja son vitales, si conseguimos establecer una buena comunicación con ella tenemos una vida plena de felicidad. ¿Y nuestros padres y hermanos?, la vida se la debemos, y en los momentos en los que nos es difícil encontrar el rumbo, una buena opción puede ser escuchar a nuestras raíces.

Personas importantes en mi vida hay algunas, decisivas algunas menos, pero también hay otras que pasan sin más. Está claro que cada persona debe ser fuerte por sÍ mismo y encontrar los apoyos necesarios en la vida en su interior, muchas personas defienden la idea de que para navegar por la vida se necesita ser autosuficiente, y si te apoyas en alguien se te tacha de persona dependiente de otra. Parece ser que no está bien visto a los ojos de una sociedad, que a veces da la impresión de caminar a encerrarse en sí misma y fomentar las individualidades. Yo no lo llamaría depender de otra persona, prefiero mucho más la expresión “confiar en otra persona”. En muchos momentos hemos necesitado la presencia o el apoyo de aquellos con los que conectamos, y lejos de tratarse de una debilidad, creo que se trata de una enorme fortaleza. Abrir nuestro corazón a otros seres y pedirles ayuda tal y como somos, estoy convencido de que es un acto de enorme valentía. Además es muy saludable, pues nos libera de la importante tensión acumulada y nos permite afianzar las bases de la comunicación entre nosotros y nuestra pareja o amigos.

Planteado de otro modo más “revirado”: ¿Qué hubiera pasado con el progreso de la sociedad, si no hubiesen existido esas personas derrochadoras de imaginación y creatividad que me han interrogado permanentemente?, posiblemente yo no habría llegado donde estoy.

Muchas veces he pensado que yo no era una persona creativa, pues pensaba que los verdaderamente creativos son elegidos por el destino, como Salvador Dalí, Pablo Picasso, Albert Einstein, W. Amadeus Mozart, Leonardo Da Vinci, etc…

Sin embargo, viendo a mis hijos, y a otros niños y niñas de su edad, me he convencido de que cada uno de nosotros es un Leonardo Da Vinci en potencia, y que más que potenciar la figura del genio creativo que todos llevamos dentro, lo que debemos hacer es no ponerle barreras a la creatividad y al pensamiento creativo.

En el caminar de la vida te vas haciendo muchísimas preguntas; unas tienen respuesta inmediata, otras llegarán con tu experiencia de vida, pero sin duda………¡camina y pregúntate!

Por último dos consejos : El primero como diría Mark Twain “Aléjate de aquellos que traten de despreciar tus ambiciones. Las personas mezquinas siempre hacen eso, pero las verdaderamente grandes te hacen sentir que tú, también, puedes llegar a ser grande de algún modo”.

El otro como dice Fito Cabrales “Aún te queda media vida para encontrar la melodía”

Que al final de la vida tengamos respuesta a la eterna pregunta que todos nos hacemos. ¿Para qué vine a esta vida?