Esta es la historia sobre los miembros de una pequeña empresa que se apellidan: Todos, Alguien, Nadie y Cualquiera. En un momento determinado, hubo un trabajo muy importante que hacer y Todos estaban seguros de que Alguien lo haría por los demás. Cualquiera podría haberlo hecho, pero Nadie tampoco lo hizo. Alguien se enfadó porque era tarea de Todos. Todos pensaron que Cualquiera podía haberlo hecho, pero Nadie se dio cuenta de que Todos no lo harían. Se pueden imaginar cómo terminó la historia: Todos culparon a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera pudo haber hecho.

Eso mismo ocurre con la innovación en las pymes. Creemos que la función es de un miembro, rol o departamento de la empresa. Cuando, realmente, es una estrategia de la organización y debe ser abordada por todos sus miembros, empezando lógicamente por su cúpula directiva que con decisión, inversión, ilusión y ejemplo debe poner en marcha las medidas oportunas para poder diversificarse y diferenciarse en un mercado cada vez más global.

Desde las instituciones siempre se ha insistido en el hecho de que, si una empresa pretende ser competitiva, debe considerar la Investigación y la Innovación como un factor estratégico de su negocio. En ese sentido, las empresas disponen de varios planteamientos para llevarla a la práctica: desarrollo propio de I+D, subcontratación de desarrollo propio, compra de tecnología (royalties) y cualquier combinación de las anteriores.

Seguramente, para las pymes una opción válida y recomendable es innovar subcontratando parte de su proyecto de I+D a un centro de investigación o a una universidad para que desarrolle a medida la tecnología que necesita, buscando soluciones a problemas concretos.

Sin embargo, sería aconsejable que a su vez la empresa tuviera la iniciativa de desarrollar un planteamiento estratégico de futuro con la finalidad de llevar a cabo parte de su I+D. Lo ideal sería que cada organización contara con algún técnico en plantilla capaz de relacionarse con los investigadores de los centros externos y entender el lenguaje científico y sus métodos de trabajo, sin olvidar las necesidades reales de la empresa y el problema tecnológico que se pretende resolver.

Por lo que respecta a España, la I+D en las pymes está lejos de los niveles europeos y, aún más distante, de Estados Unidos y Japón. En lo referente a la subcontratación del I+D sólo un 2% de las empresas españolas colaboran regularmente con centros de investigación o universidades.

Al margen de las dificultades de colaboración entre el mundo científico y empresarial, no hay duda de que la I+D por encargo es una de las vías que permite a los empresarios mejorar sus productos y optimizar sus procesos. No en vano las Administraciones apuestan por este tipo de iniciativas en los programas que anualmente se convocan. Además, existen líneas específicas con el objetivo de contratar personal técnico para la empresa, desarrollar un gabinete propio de I+D, así como para gestionar la innovación interna y externa.

Pero, reitero mi planteamiento al considerar que, en definitiva, no hay que esperar a que la iniciativa surja de quienes tenemos alrededor. Hay que interiorizar que el punto de partida de la innovación comienza en Nosotros mismos.

El artículo aparece publicado en Avalon Red de Expertos