En escasas 24 horas, en este país se presenta un informe sobre la conciliación familiar liderado por el Grupo OTP con el título ‘Qué, cómo y cuánto gestionan la conciliación las empresas en España’, y es líder en audiencia un programa sobre la “El milagro de la conciliación en Suecia”, dentro del programa “Salvados” de Jordi Évole 

Da igual que seas un estudiante universitario o una profesora de un instituto, un médico o una juez, una madre que se dedica por entero a su familia; en cualquier caso (y quizá en este último más aún), en tu vida hay un reto muy importante en cuanto a la organización del tiempo. Para una persona con un mínimo de inquietudes en la vida, el reto probablemente no es lograr ocupar el tiempo, sino más bien saber sacarle su máximo partido. Y no se trata simplemente de conseguir hacer muchas más cosas, sino de hacer las que pensamos que estamos llamados a hacer, establecer una juiciosa distribución del tiempo que nos permita alcanzar una alta efectividad en el trabajo y, a la vez, un uso equilibrado del resto del tiempo, en el que tenga cabida la familia, las amistades, la propia formación, la atención de otras obligaciones, etc.

Recordando las reflexiones de John Keating, aquel carismático profesor de literatura de El Club de los poetas muertos, se trata de «vivir a conciencia la vida, de manera que no lleguemos a la muerte y descubramos entonces que apenas hemos vivido».

Vivir a fondo, extraer a la vida todo el meollo. Son ideas con las que Keating luchaba por sacar a sus alumnos de la monotonía y la mediocridad. Les proponía salir del montón, vivir con intensidad el instante, recuperar el viejo carpe diem —aprovechad el momento— acuñado por Horacio.

Todos tenemos que hacer un esfuerzo para salir de la vulgaridad y no regresar a ella de nuevo. Tenemos que ir llenando la vida de algo que le dé sentido, apostar por una existencia útil para los demás y para nosotros mismos, y no por una vida arrastrada y vulgar.

Hay situaciones en la vida que, por estrafalarias, injustas e irracionales que sean, nadie parece cuestionar. Es evidente que unos horarios más racionales redundarían en beneficio de todos y, en especial, de la familia. Se habla mucho de los llamados “niños del llavín”, esos a los que sus padres proporcionan una llave de casa para que puedan subir, hacerse la merienda y luego apoltronarse ante la tele o la PlayStation. Se habla de la falta de comunicación y de padres –y sobre todo madres- con complejo de culpabilidad por estar ausentes en el desarrollo de los hijos. Se habla mucho, pero nadie piensa que sería relativamente sencillo mejorar todo esto.

Es necesario un cambio de cultura y mentalidad empresarial. Es decir, pasar de un modelo” mecanicista” que sólo reconoce una concepción del trabajo en función del tiempo que dedica el trabajador y en el cual la empresa no se hace responsable de las consecuencias de la relación entre el trabajo y la familia, a un modelo “psicosociológico”, en el cual prima una concepción del trabajo en función del cumplimiento de la tarea y en la que el conflicto trabajo-

familia es un problema atendido por la organización. El trabajo debe ser visto en función de la contribución al logro de los objetivos por parte del trabajador.

Ahora que los beneficios económicos de conciliar vida personal y laboral están sobradamente demostrados, empieza la tarea de “educar” en políticas familiarmente responsables. Varias escuelas de negocios imparten cursos sobre esta materia. Los alumnos son, principalmente, trabajadores del área de Recursos Humanos, que desarrollarán los futuros planes de conciliación en sus empresas. El cambio de mentalidad es especialmente necesario en España, el tercer país con la jornada laboral más larga y menor rendimiento por hora trabajada de la Unión Europea. En palabras de la ministra alemana de Familia, Úrsula Von der Leyen ( madre de siete hijos): “la conciliación, es necesaria para la supervivencia del mercado laboral comunitario”.

Es decir, que no, que el problema es que alguien tiene que dejar el trabajo, o ponerlo en lugar secundario, para cuidar a los niños. Y ésa es la parte del cuento chino. El gran cambio es que quien concilia ya no tiene que ser necesariamente ella. ¿Y por qué no él, o ambos? Y, además, ahora el Estado interviene para ayudar, como en Alemania. Y para contar que éste es un problema de todos y no sólo de las mujeres. Hay un acusado descenso de la natalidad en todas las sociedades desarrolladas y uno de los motivos es que los niños y el desarrollo laboral combinan a duras penas. Por razones obvias relacionadas con su cuidado y porque las empresas tampoco están entusiasmadas con la conciliación. Las empresas y el Gobierno español “suspenden” en materia de conciliación de vida laboral y familiar, según un estudio realizado por Cátenos Worldwide Executive Search, firma dedicada a la búsqueda global de profesionales. Sólo un 5% de las empresas cuentan con guardería, y un 10% permite flexibilidad laboral. Así, las empresas españolas que prestan algún servicio de guardería para los hijos de sus empleados no llegan al 5% y sólo una de cada diez ofrece horarios flexibles, medida que demandan tres de cada cuatro trabajadores.

El informe señala además que, salvo algunos casos, los gobiernos europeos aún tienen mucho camino por recorrer en cuanto a las ayudas destinadas a la familia. Los nórdicos son los que mayor esfuerzo realizan, con Dinamarca y Luxemburgo a la cabeza, países que invierten el 3,9% y el 3,8% del PIB, respectivamente, en ayudas familiares. En la banda media, con un 3% del PIB, figuran Suecia, Alemania, Finlandia y Austria, mientras que Francia, Hungría destinan un 2,5% de su PIB a ayudas familiares.

Entre los países que menos invierten en esta materia, por debajo de la media europea del 2,2% del PIB, se encuentran Grecia y Reino Unido (1,7% del PIB), Países Bajos (1,3%), Portugal (1,2%), Italia (1,1%), Polonia (0,9%) y, por último España, con una inversión del 0,8% del PIB.